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Cuaderno griego
Arnaldo Calveyra
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 El misterio ha sido desde siempre el núcleo de la poesía de Calveyra, pero a partir de "Maizal del gregoriano" se inició un peregrinaje, con la estación de "Diario de Eleusis", que alcanza en El cuaderno griego un provisorio final, el vértice que le faltaba a una involuntaria trilogía. Calveyra hace posible ese desplazamiento imposible del espacio al tiempo. Hay una poética del rodeo, de la alusión y del sobreentendido. “Nunca nos perderemos del todo de la mano del horizonte.” Después de todo, el horizonte es, como el verso, una línea. Calveyra escribe aquí también una rara especie de autobiografía, una autobiografía mítica. Anotaciones, sueños, sintaxis del pasado. El poeta adivina aquello que hay detrás de la noble sencillez y la serena grandeza. El misterio que Calveyra rodea no pertenece sólo a la experiencia: hay un verdadero misterio en las palabras y en sus combinatorias. El poeta pretende –y logra– que el lenguaje diga cosas que nunca estuvo preparado para decir.
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 Los fantasmas son muertos que se niegan a morir porque no saben o no pueden o no les permiten hacerlo; son almas en pena, difuntos sin paz a quienes por lo común les ha quedado algo por hacer (una venganza que cumplir, un consejo que dar, un simple acto pendiente) y que, al volver, ponen en jaque las fronteras entre el “mundo real” y el “más allá”. Presenten fantasmas visibles o invisibles, buenos o vengativos, tristes o poderosos, las ghost stories tuvieron su apogeo en la Inglaterra victoriana, pero son tan viejas como el deseo de conjurar la muerte por medio de relatos, y sus antecedentes pueden rastrearse en una antigua carta de Plinio el Joven, en los primeros cuentistas chinos o en la tradición de los kwaidan japoneses. "Fantasmas" incluye cuentos de Charles Dickens, Margaret Oliphant, Ambrose Bierce, Gan Bao, Amelia B. Edwards, Lafcadio Hearn, Louisa Baldwin, Pu Songling, Guy de Maupassant, Saki, Edith Wharton y Sheridan Le Fanu, entre otros.
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