Hay una pequeña anécdota que ilumina el espíritu de Mi hermano James Joyce. En uno de los capítulos del libro, Stanislaus Joyce cuenta cómo su hermano James, en un momento de su educación como artista adolescente era perseguido por los jesuitas y por su padre a causa de sus lecturas. Entre los libros prohibidos figuraba Tess of the D"Urbervilles de Thomas Hardy; con lo cual Jim -así lo llama a lo largo de la biografía- utiliza a su hermano para que le busque en la biblioteca pública una lista de libros. El volumen solicitado era otra novela de Hardy Jude el oscuro. Stanislaus no conocía el libro y en camino hacia la biblioteca intenta descifrar el título en la letra garrapateada de su hermano. Con sorpresa, descubre después de examinar la nota minuciosamente, que lo que está escrito es Jude el obsceno. Por un momento duda en pedírselo al bibliotecario. Por suerte no era el primero en la lista y por lo tanto vuelve a su casa con otro libro para su hermano. Cuando se encuentra con Jim, éste estalla en carcajadas. Una broma joyceana. El nombre fraguado estaba destinado a provocar la ira del bibliotecario: un viejo maestro de escuela, mojigato, que oficiaba de censor. La historia que cuenta Mi hermano Joyce -el título en inglés El Guardián de mi hermano alude a la referencia bíblica -podría ser narrada desde el punto de vista de estos dos personajes de la anécdota: Jim, como Jude el obsceno y Stanislaus, desde las sombras, como Jude el oscuro. A tal punto las cosas sucedían de esa manera en su infancia en Dublín -Jim, era la promesa familiar de éxito y ganaba todos los concursos literarios de la universidad a los que se presentaba- que cuando por una vez Stanislaus obtuvo un premio en el Curso Preparatorio que consistía en un crédito para libros tuvo la impresión de que se lo habían adjudicado por error y de que en realidad le hubiese correspondido a otro alumno. Por supuesto que Richard Ellmann -autor de la mejor biografa de Joyce- observa en una introducción que acompaña a esta edición, la cuestión del "género fraternal" cuando identifica a los hermanos Joyce con Shem y Shaun, los gemelos de Finnegan"s Wake. Shem es un salvaje y Shaun un beato, Shem un libertino y Shaun un tartufo. También T. S. Eliot, quien escribe un breve prólogo a Mi hermano James Joyce, se detiene en el tópico del mito bíblico y la relación fraternal. El libro le evoca el de Edmund Gosse: Padre e Hijo, con lo cual sugiere la posibilidad de un género que podríamos llamar biografia familiar. Sin duda, Joyce -en ese sentido quizá se lo podría comparar con Gide- trabajó para sus biógrafos. Construyó una vida inseparable de su escritura, y se propuso que ambas fuesen descifradas. El primer capítulo de Mi Hermano James Joyce que se titula La tierra de alguna manera ejemplifica el punto de vista desde el cual está escrito el libro. Stanislaus afirma que los recuerdos de infancia son imprecisos y que no podría situar cuándo comienzan. Sin embargo, coloca como piedra fundamental de la narración el mito del origen: una representación teatral de Adán y Eva. Una obra que los dos hermanos representaban para las delicias de sus padres y niñera. Jim hacía el papel de diablo; Stanislaus de poseso adquiriendo toda la dimensión dramática que Eliot advirtió en este libro. Desde el comienzo lo transforma a Jim en un intérprete precoz de los relatos sagrados y le reserva el lugar de la tentación. El mito de Adán y Eva se continúa genealógicamente y se duplica en el de Caín y Abel. Ya que como aclara Ellmann, cada vez que a Stanislaus le preguntaban sobre el título, El Guardián de mi hermano, solía responder irónicamente y con sarcasmo: "Usted sabe... Caín...". Pero esta historia y la existencia de Mi hermano James Joyce sería imposible de pensar sin el otro libro de Stanislaus: su diario. Ese diario que lleva desde su juventud hasta su muerte y que Jim acostumbraba a leer sin su autorización y del que en general se burlaba aprobando ocasionalmente alguna anotación hecha por su hermano. No obstante, Stanislaus describe a su hermano Jim cuando está hechizado por su talento. Lo califica de genio. Mi hermano James Joyce presenta un cuadro de la vida del escritor irlandés hasta los 22 años. En realidad, como aclara Ellmann, de haber podido concluir la obra es posible que Stanislaus hubiese dejado testimonio de cómo se convirtió en el "guardián de su hermano" entre los años 1905 y 1915. Por ejemplo en Trieste, cuando lo salvó de una vida disipada. Stanislaus percibe de manera notable cómo influenció el contexto familiar en la obra de su hermano y fundamentalmente su figura central: el padre. Esto lo manifestaba bajo una exclamación de perplejidad: "No deja de ser asombroso que un padre tan débil haya engendrado un hijo con tanta fuerza". No sin antes especificar que Jim era el hijo favorito mientras anota en el diario con un matiz irónico que él, en cambio, disfrutaba de la compañía de su padre en la cocina o en la sala. Se podría afirmar que Stanislaus cuando quiere demostrar "su experiencia personal" en la que su hermano se basó para escribir, al menos, Dublinenses, cuenta su propia vida y se transforma en escritor. En la tensión entre la escritura del diario y la biografía inconclusa -la muerte lo alcanzó sin poder concluir el libro- Mi Hermano James Joyce, casi sin darse cuenta Stanislaus, es uno de los libros más bellos de la literatura de su género. El caso de Stanislaus es notable. Se hace autor a través de la influencia en su hermano, de las atribuciones erróneas, de los datos que le otorga acerca de Dublín, de sus sueños, de sus experiencias, de sus epifanías. Es más, en su diario figuran sus anotaciones -esto lo señala Ellmann- sobre El sitio de Sebastopol de Tolstoi y los diferentes pensamientos que envuelven a una persona antes de dormir. James leyó la anotación con superioridad y la dejó a un lado. Ellmann intuye que tomó numerosas sugerencias para el monólogo interior de Molly Bloom con que finaliza el Ulises, pero que sin embargo James prefirió atribuir el descubrimiento de esa técnica al escritor francés Edouard Dujardin. Stanislaus se hace autor con Mi hermano Joyce, y nos cuenta un libro que nunca escribió, aquel que Jim nunca le reconoció. Quizá le pedía lo imposible, ya que él mismo fue "un personaje joyceano" y la fecha de su muerte parece corroborarlo. El profesor Joyce murió en Trieste el 16 de junio de 1955. El día de las flores, el día que los fanáticos de Joyce celebran el Bloomsday comiendo riñón de carnero asado. Un día como cualquiera, sólo que casualmente un 16 de junio de 1904 comienza la narración del Ulises.