Minae Mizumura nació en Tokio, en una familia acomodada, y fue criada por una abuela que había sido geisha y fumaba pipa oriental; a los doce años se mudó con su familia a Nueva York, donde su padre era representante comercial de una compañía japonesa. En EE.UU. se resistió a aprender el inglés, y estudió artes y literatura francesa en Yale. La carrera académica no era lo de ella, pero devoraba novelas, sobre todo del siglo XIX. Entonces regresó a Japón; ansiaba pasarse el día ataviada con quimonos. Rara avis en los medios culturales japoneses, le propusieron escribir un texto sobre su experiencia en EE.UU. Se negó. “Si uno quiere ser escritor, no debe explotar su pasado para obtener un rédito literario”, dijo. “Tener una vida distinta no debería ser el punto de partida para escribir”. Mizumura vino invitada por el Festival Internacional de Literatura (FILBA) en Buenos Aires. La editorial argentina Adriana Hidalgo fue la primera en traducir a Mizumura al castellano. Se trata de Una novela real , una novela elogiadísima sobre los profundos cambios estructurales de la sociedad japonesa de posguerra, que es a la vez una recreación de un clásico del romanticismo del siglo XIX: Cumbres Borrascosas, de Emily Bronté. Mizumura participó el miércoles de una entrevista pública con la periodista de Clarín Gabriela Cabezón Cámara. La entrevista comenzó así: Mizumura cantó una canción de cuna y leyó un texto en japonés; Cabezón Cámara lo leyó en español. El cierre fue así: Mizumura, arrodillada en el escenario, firmó libros y habló y respondió preguntas. ¿Por qué elegiste el punto de vista de la criada (Nelly) para contar esa historia de amores contrariados? Porque si uno está arriba, no ve nada. Cuanto más descendemos, más vemos. Esa es una lección para todos. Corrernos del lugar del privilegiado. Emily Bronté no podía darle cuerpo y protagonismo a una sirvienta. Yo quise devolverle el rostro a esa criada. Como Cumbres… es en gran medida un melodrama, mientras escribía leía a Primo Levi, para recordarme todo el tiempo que hay una tragedia en la vida. No quería que la historia que contaba fuese ridiculizada. Necesitaba mantener la perspectiva trágica: escribir una novela que Primo Levi pudiese leer. ¿Hay un valor en la soledad de la mujer? Es más interesante como heroína. La mujer casada está protegida y es aburrida. Los seres no protegidos llegan mejor a las emociones más profundas. Antes de Una novela real , Mizumura editó Luz y sombra. Continuación , en la que escribió el final de una novela que Natsume Soseki, el más reconocido escritor moderno de Japón, dejó inconclusa. Después escribió Una novela del Yo, de derecha a izquierda . En la charla, contó que “no iba a ser ama de casa, como se esperaba de las mujeres mi generación. Tampoco artista, como las jóvenes liberales de la clase media. Tenía miedo de empezar a escribir”. Su cuarta novela se está publicando por entregas, en uno de los diarios de mayor tirada de Japón. Mizumura escribe en japonés por una decisión si se quiere política: “Quiero mantener la tradición del japonés”, dijo. Leí que no te interesaba la literatura japonesa contemporánea… Es cierto. El idioma japonés posterior a la Segunda Guerra se ha empobrecido mucho. No me interesa. Soy una persona del siglo XIX. Me interesa lo que se escribía entre 1880 y 1950, digamos. ¿Te gusta Murakami? A él le gustan mucho mis libros. Pero uno no puede elegir a sus lectores... Cabezón Cámara señaló cuán revolucionario puede ser conservar las tradiciones frente a una marea cultural incontrolable que, más que innovadora, simplemente es poderosa. Ante la pregunta de una asistente a la charla, que caracterizó su postura de “conservadora”, Mizumura dijo: “Ya todo se ha inventado. Se puede hacer cualquier cosa. Ser conservador a nivel lingüístico hoy es una forma de experimentar”.