¿Qué es lo contrario de llamar la atención? En el habla y el andar de Minae Mizumura no es tanto una modestia o un recato como sí una actitud de control, de una seria dignidad que parece agotarla. La escritora japonesa -que visitó Buenos Aires para participar en el Filba 2011- tiene constantes gestos, medidos y precisos, de reverencia y asentimiento. Hasta que algo la hace reír. Algo que ella misma cuenta y desactiva por instantes su elegancia de esfinge. La suya es una risa solitaria, como si se riera con alguien a quien sólo ella ve o con alguien que ya no está en este mundo. Es una risa que parece disimular en sus pliegues una cierta infelicidad. Minae Mizumura se parece a Una novela real, al ánimo contradictorio entre la rebeldía y la desolación que tiene su única obra traducida al español, y también a esa especie de resignación luminosa a pasar por este mundo como testigo. Acaso un escritor sea eso: un testigo que tiene el privilegio de saber contar lo que mira. Un testigo que tiene el privilegio de saber mirar. Una novela real es una versión de Cumbres borrascosas, el clásico de Emily Brönte, en el Japón de la posguerra: la historia de un amor prohibido y la historia de Japón en los últimos 50 años intercambian sus funciones de marco y asunto en una serie de operaciones textuales a un mismo tiempo sentimentales e intelectuales. ¿Cómo escribir una novela moderna en un mundo muchas veces pre moderno? ¿Cómo se escribe un realismo en un campo literario en el que lo real y la novela son términos opuestos? Una novela real provocó en 2008, cuando fue publicada en la Argentina por Adriana Hidalgo, una discreta conmoción en el ámbito local por la manera en la que desactivó la moda intelectual en torno de Murakami y por la intensa experiencia de lectura que propuso, en un cruce de tradiciones que despojaba de todo exotismo a eso que habíamos conocido como un pequeño boom de la literatura japonesa. La novela se publicó originalmente en 2002. Algo se pierde en la traducción del título japonés Honkaku shosetsu al inglés, y algo más se pierde inevitablemente en la traducción al español. El título nipón es el nombre de un género de novela para jovencitas cuyo canon fue la adaptación de los grandes clásicos de la novela decimonónica occidental. Los términos significan algo así como "novelas posta", pero en un lenguaje más anticuado y solemne. "Novelas correctas" o "novelas como deben ser". Mizumura sabe de eso que se pierde. Lo sabe porque su decisión de escribir en japonés es una toma de posición frente al absolutismo del inglés y porque -como lo cuenta en su novela real- desde su llegada a los Estados Unidos a los 12 años siempre mantuvo una distancia rebelde con ese idioma. Pero no titubea: provoca largos silencios, sí, con la convicción de que eso que se pierde está bien y nos hace únicos. "Si existiera un solo idioma, habría un solo mundo", dice. -Por el tipo de datos que cruza la novela, entre la anécdota de ficción y los datos de su propia vida, ¿Cómo eligió qué dejar y qué eliminar? -El proceso de corrección fue uno de los más interesantes. Porque yo quería incluir la mayor cantidad de detalles autobiográficos, pero no quería que esos detalles me alejaran de la narrativa, así que tuve que buscar un cierto equilibrio. Aun así, cuando leo la traducción inglesa, pienso: "Minae, aquí hay demasiada intimidad"... -¿Qué debemos mirar en las personas para encontrar historias como la de Taro Azuma? -Es una pregunta muy difícil, porque a mí me llevó mucho tiempo encontrar una respuesta. Encontré esta historia porque siempre estuvo en mí. Me acuerdo de que cuando era una niña de 10 años, tenía que escribir y dibujar una historieta... era una tarea para la escuela. Yo no era pobre, pero tenía una especial simpatía por los alumnos que sí lo eran. Yo iba a una escuela pública donde las clases sociales se mezclaban, y siempre sentía lástima por esos niños sin padre... entonces escribí una historieta sobre un niño pobre que no podía comprarse un karting para correr en las carreras de la escuela. El padre -yo no era una niña demasiado brillante- viajaba a Estados Unidos y volvía con muchísimo dinero y podía comprarle el karting. Todos teníamos esta ilusión de que alguien algún día volvería de Estados Unidos con mucho dinero y nos salvaría a todos. Además, en mi escuela había un niño huérfano, muy pobre, con una madrastra malvada... la historia de ese niño estuvo siempre en mi cabeza. Esta novela nació cuando esa historia se cruzó con mi lectura en inglés de Cumbres Borrascosas. Quedé impactada por la genialidad de Emily Bronte​. Y me dije a mí misma: esto nunca podría haber sido escrito en japonés, porque es tan... Nosotros nunca tuvimos eso, esa clase de muy profunda de compromiso emocional... Sí se puede -La primera parte de la novela es extensa una toma de posición. ¿Contra qué? -Contra la idea de que los japoneses no podemos escribir una novela occidental, una novela como debe ser según el canon europeo del siglo XIX. -¿Le parece importante que un escritor sea piadoso a la hora de mirar a sus personajes? -¡Sí! Hay que ser piadoso al mirar. Hay que tener compasión. Cuando estoy escribiendo sobre los personajes, siempre estoy dentro de ellos. Dentro de cada uno de los personajes. No soy cínica. No soy religiosa, tampoco. Creo que el cinismo es un resultado del absurdo del mundo, pero yo quiero que mi novela sea un antídoto contra ese absurdo. Quiero que mi novela sea una clase de sistema de justicia, un lugar en el que se pueda entender que más allá del sinsentido del mundo hay buenas cosas para hacer y malas cosas para hacer. -¿Cambió su manera de mirar a los demás después de escribir esta novela? -Me gustaría decir que sí. No sé si después de terminar la novela, pero mientras la escribía, durante todo el proceso de tres años que me llevó escribir esta novela, me volví más observadora de las clases sociales, de las diferencias entre clases. Espero, me gustaría pensar que tengo una mejor comprensión del mundo después de terminar mi trabajo... pero de ninguna manera soy mejor persona después de hacerlo... debo admitirlo. -¿Qué autores japoneses debemos leer para entender el Japón de hoy? - No creo que puedas entender a Japón a menos que vayas a Japón y aprendas el idioma... Los libros te pueden decir cómo los japoneses entienden a Japón, en todo caso. Muchos escritores en Japón han vuelto a escribir sobre la pobreza, en principio porque muchos escritores son pobres, no tienen trabajo: la literatura ya no tiene el status que solía tener. Pienso que cuando lees novelas modernas lees a gente que vive el día a día y que no se preocupa por cómo lo pueden leer en el extranjero. Esa literatura me interesa. La literatura de los japoneses que viven fuera de Japón no tiene nada que ver con Japón... no quiero decir nada malo sobre Murakami pero la suya es una ficción que no tiene nada que ver con Japón. Es difícil nombrar a alguien pero diría que hay que leer a Hiromi Kawakami. Ella escribe sobre Japón y es buena escritora.