Diversa unidad
Por María Rosa Lojo
La Nación
Cultura
Buenos Aires
04-03-2007
Con los "Cuentos completos" , Adriana Hidalgo continúa la publicación de la obra total de Antonio Di Benedetto (Mendoza, 1922-Buenos Aires, 1986). En esta edición, al cuidado de Jimena Néspolo y Julio Premat, se ha seguido el criterio de respetar la ordenación original en libros independientes, más allá de la división que el propio autor había pensado para editar el conjunto de sus cuentos (en dos tomos titulados "Relatos completos" -los extensos-, y "Cien cuentos" -los breves-). Seis volúmenes de relatos se incluyen aquí, más "Otros cuentos" (reescritos o que quedaron fuera de las reediciones) y algunos inéditos.
Diversidad y unidad son características de esta vasta recopilación. La diversidad aflora en los marcos genéricos discursivos (a veces fuertes, a veces laxos), desde la narración policial ("Los reyunos") hasta la fábula poético-alegórica (los textos de Mundo animal ), desde el relato rural de aventuras en escenarios históricos o contemporáneos reconocibles ("Felino de Indias", "El puma blanco") hasta la narración fabulosa y legendaria ("Onagros y hombre con renos"), así como también diverge la extensión, que abarca tanto la nouvelle ("Declinación y ángel") como el microrrelato. La unidad la aporta la coherente mirada poética que imprime a la ficción un tono, una visión cósmica y antropológica. Para esa mirada, el mundo es un lugar ominoso e inestable, donde todo está expuesto a desmoronarse y a metamorfosearse en otras cosas, en otros seres, donde no hay barreras rígidas entre sujetos y objetos, entre el sueño y la vigilia, entre lo humano y lo animal, entre la "verdad" y el delirio, entre la precaria felicidad y la catástrofe siempre agazapada e inminente, entre lo "figurado" y lo "real". No pocas veces la acción consiste en la ejecución literal de ciertas metáforas: el hombre bueno como el pan, que se hace pan y resulta devorado por los otros, es una de ellas.
Los títulos de los libros marcan, desde luego, ciertas pautas diferenciadoras: "Cuentos claros" alude al dominio de escenarios que podrían considerarse "realistas" y a tramas relativamente nítidas. "Absurdos" define bien el énfasis colocado en las circunstancias desconcertantes, increíbles, irracionales (tanto cómicas como terroríficas), que viven sus protagonistas; los "Cuentos del exilio", aunque -como señala el autor mismo- no tematicen expresamente esa coyuntura, están impregnados por ella.
Pero todos los relatos se hallan, en general, cruzados por similares tensiones recurrentes: una es el enfrentamiento padre/hijo, vivido por los hijos como desamparo, o como mutilación y apoderamiento brutal (abundan los filicidios, reales y simbólicos) y, por parte de los padres, como angustia y perplejidad dolorosas ("Enroscado"). Otro eje es la violencia y la crueldad entre los seres humanos, la explotación de unos por los otros, con acento particular en el abuso sobre las mujeres (aunque el registro no es necesariamente trágico; puede ser humorístico, como en "As", o en "El juicio de Dios"). Como en la narrativa de Eduardo Mallea (autor con el que Di Benedetto mantiene algunos sutiles puntos de contacto), transitan los personajes silenciosos, los que viven por debajo de la superficie, los que optan por el amor perdido o imaginario, o por una pureza irrecuperable, los hostigados por la culpa.
Prevalecen en toda la obra, más allá de los "Cuentos absurdos", las situaciones inesperadas y extremas, que obligan al máximo despliegue de los recursos de supervivencia. La textura hiperestésica de la prosa de Di Benedetto, su intenso entramado de sensaciones, impresiones e imágenes llevadas al paroxismo de lo perceptible, pero sin desborde, con afilada economía de medios, parece responder a esta condición de los seres en alerta, lanzados a la intemperie existencial, en cuyo interior reverbera y se derrama, casi intolerable, el torrente de la experiencia.
Los lectores se reencontrarán aquí con piezas muy conocidas verdaderamente antológicas: "Aballay", "Caballo en el salitral", "El juicio de Dios", y se sorprenderán gratamente con otras menos notorias, como el relato de ciencia ficción "En busca de la mirada perdida". El prólogo de Julio Premat ofrece por su parte una orientadora aproximación crítica a la escritura benedettiana.
|