Autores Varios
Mujeres fuera de quicio
Literatura, arte y pensamiento de mujeres excepcionales
- Colección: Temas y debates
- Género: Ensayo
- ISBN: 987-9396-50-2
- Páginas: 286
MARTA LÓPEZ GIL
compiladora
Los textos que componen este volumen son ensayos de mujeres , en donde el “de” hace valer su doble sentido: escritos por mujeres pero además sobre mujeres. Todos ellos tienen una cualidad común: se trate de Simone Weil, Marguerite Duras, Marguerite Yourcenar, Hanna Arendt, Virginia Woolf, Djuna Barnes, Delmira Agustini, Silvina Ocampo, Lina Wertmüller, Julia Kristeva, Meredith Monk o Cindy Sherman; se trate de literatura, cine, ideología, pensamiento, o música, siempre las propuestas dan la impresión de estar fuera de lo establecido. Es en este sentido que se habla de “fuera de quicio”. Mujeres que no “encajan”. Apuestas “desenmascaradas”.
Son discursos fuertes, valientes, incluso contradiscursivos, en relación con lo legitimado, sancionado y hasta prescrito por el canon imperante en la época en que a cada una de ellas le tocó vivir.
Marta López Gil convocó para este libro a un grupo de ensayistas que fueron capaces de leer a través de contradicciones y ambigüedades sin caer en al absurda santificación de lo femenino. Liliana Bonvecchi, Celina Chatruc, Cristina Fangmann, Malena Lasala, Cristina Piña, María J. Regnasco, Amparo Rocha Alonso, Corinne Sacca Abadi, Liana Scalettar, Marcela Solá y Marta López Gil escriben sobre Mujeres fuera de quicio. Literatura, arte y pensamiento de mujeres excepcionales con la conciencia de estar escribiendo sobre mujeres.
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Al contrariar gratamente la idea de novela de actualidad femenina que el título de este libro sugiere, Marta López Gil se inclina por la acepción literal de la expresión que elige: se trata de una recopilación de reflexiones sobre la vida y la obra de doce mujeres que, alejadas del eje de comportamiento que su época de algún modo les mandaba, se arriesgaron a trascender los límites impuestos al género femenino a partir de sus comprometidas intervenciones en diversas áreas. Dentro del libro se cuentan, entre otros, comentarios biográficos a propósito de Hannah Arendt, Virginia Woolf, Marguerite Duras, Lina Wertmüller, Meredith Monk o Simone Weil. "Cada uno de estos ensayos es una bella y al mismo tiempo insultante puesta en escena de un sujeto ambiguo, caótico, sinuoso, de una sexualidad descontrolada, de un caos sin redención posible", afirma la editora. No es casual que para la realización de este trabajo, López Gil haya elegido sendas "mujeres colaboradoras", ya que, además de intentar una introducción didáctica al pensamiento femenino del siglo pasado y fines del anterior, introduce un desafío mayor: la autopercepción de la mujer y la necesidad de reconstruir este concepto.
Sin embargo, y evitando caer en el cliché del feminismo teórico, López Gil consigue ser objetiva en cuanto a los personajes que analiza, si bien temas como la maternidad, la sexualidad y lo melodramático no dejan de ser abordados como temas de ineludible pertinencia femenina.
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Natalia Fernández Matienzo
- Página/12 -
“En su artículo sobre Delmira Agustini y Silvina Ocampo, Cristina Fangmann habla de una escritura del exceso y sus manifestaciones más allá del texto, de una actitud vital que desafía siempre el orden establecido. Todas estas mujeres excepcionales fuera de quicio -Simone Weil, Hannah Arendt, Virginia Woolf, Djuna Barnes, Lina Wertmüller, entre otras-, a las que están dedicados los ensayos compilados por Marta López Gil en este libro, exhiben una práctica del exceso que marca la diferencia y supera toda segmentación genérica. Muchas de ellas asociadas al feminismo, parte de su desquicio proviene, sin embargo, de un constante cuestionamiento de dogmas e ideologías impuestas. Quizá la más paradigmática sea Marguerite Duras (según el ensayo de Celina Chatruc), quien luego de abrazar un feminismo extremista resistió toda militancia, generando el consiguiente rechazo de quienes no entendían sus aparentes contradicciones. Significativamente, el último capítulo está dedicado a Cindy Sherman (por Corinne Sacca Abadi), cultora de una estética de la fragmentación y del escándalo para denunciar la estereotipia de los roles femeninos vigentes. El reto es unir las partes para intentar descubrir no sólo "lo que el varón, quizá, no vio o no ve" (como dice la compiladora en el prólogo) sino lo que ni varones ni mujeres, a veces, no vemos. Como lo sugiere la polémica frase de Julia Kristeva citada por Cristina Piña: "Creer que "se es mujer" es casi tan absurdo y oscurantista como creer que "se es hombre" ".” VER MÁS
Sandra Sofía
- Revista Tres Puntos -
“Este libro contiene profundos análisis que mujeres hacen sobre mujeres fuera de serie. Las creadoras aquí juzgadas pueden ser, para el lector, más o menos simpáticas, pero todas merecen ser pensadas.
La queja de Yourcenar respecto de la religión, y que María Regnasco rescata, está plenamente justificada: “Lamenta que esa belleza, ese esplendor de lo sacro, se vaya perdiendo en las religiones del presente, en que la guitarra eléctrica invade los templos y le lenguaje cotidiano reemplaza a las palabras ancestrales, cargadas de un mantra, de un voltaje considerable, que permiten al ser humano participar de lo insondable.” Pero también deplora que, por culpa del “cristianismo y de la psicología”, se abandonde el sentido, también sacro, de la sensualidad. Se menciona a la esposa hindú quien, para ser digna del tálamo, sabe que primero debe transformarse en diosa. “Para Yourcenar, todo lo que no es una vía de acceso a la unidad de la trama de lo viviente, en otras palabras, una vía de acceso a lo sagrado, termina mal”. Las violaciones son el vaso comunicante de “una sociedad que no ha podido resolver el problema de la sexualidad”.
Para hablar de Hannah Arendt necesitaríamos toda la nota. Explica Marta López Gil que, según Arendt, el mal es banal, es decir: participa de cierta frivolidad. El nazismo no representa a Satanás armado con una espada sino que, como los hongos, se expandió tanto por ser superficial. El propio Eichmann, si no hemos entendido mal, por su contenido “humano”, se alejaría de lo demoníaco. Genocida, sí, pero no monstruo (esta palabra significa “único en su especie”). Habría mucho que decir sobre esta polémica cuestión.
El ensayito sobre Virginia Woolf es inspirador: hacer de la vida una obra de arte (aunque imperfectísima) nos permite hacer obra. La obra depende de nuestra vida y no a la inversa. Nos hemos quedado sin espacio (pero no sin ganas) para hablar de la inquietante Lina Wertmüller, de Cindy Sherman, de la mística y filósofa Simone Weil y de tantas otras.
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Graciela Scheines
- La Gaceta -