Autores Varios
Lengua de tierra
Antología del cuento israelí
- Colección: Narrativas
- Género: Cuento
- ISBN: 987-9396-76-6
- Páginas: 200
SHAI AGNON, AMOS OZ, DVORA BARON, DAVID GROSSMAN Y OTROS
Selección, traducción del hebreo, prólogo y notas de Henie Hajdenberg
A pesar de estar ligada a una historia muy antigua y a una riquísima tradición cultural, la narrativa hebrea comienza a desarrollarse recién a fines del siglo XIX y su destino parece estar fatalmente ligado a la tierra de Israel.
A partir del exilio, producido como consecuencia de la dominación romana en el siglo II D.C., el hebreo pasó a ser una lengua sacra: su empleo se limitó casi exclusivamente, durante centurias, a temas relacionados con la religión y la liturgia.
Sólo a fines del siglo XVIII, con el surgimiento del Iluminismo en Europa, el hebreo vuelve a ocupar un lugar relevante en la cultura secular a través de una nueva creación literaria que intenta abrirse camino.
Pero es en la tierra de Israel donde el hebreo se revitaliza y se afianza nuevamente, gracias a las sucesivas oleadas de inmigrantes que a partir de fines del siglo XIX lo adoptan como idioma cotidiano.
A partir del siglo XX la creación literaria se desarrolla en forma intensa y vertiginosa. La crisis de las formas de vida tradicionales, el debilitamiento de la fe, el amor, la muerte, la búsqueda de la propia identidad y la incertidumbre, aparecen como temas centrales en la narrativa israelí contemporánea, abierta a las más variada influencias.
Pero más allá de todas las corrientes innovadoras, subsiste una relación indisoluble con las fuentes tradicionales. El fuerte poder alusivo de la lengua enriquece infinitamente el significado de lo actual y cotidiano mediante reminiscencias ancestrales.
Desde los clásicos contemporáneos hasta la nueva literatura joven; desde la estética del realismo hasta la posvanguardia, Lengua de tierra incluye relatos del premio Nobel de Literatura Shai Agnon y de otros grandes autores como Amós Oz, Dvora Barón o David Grossman, todos exponentes de una literatura compromentida con su tiempo a través del humanismo y del pensamiento crítico y la convivencia, en una región donde la paz está permanentemente amenazada.
“Si es al menos dudoso que los judíos hayan encontrado en el Estado de Israel su tierra de promisión, resulta claro que sin él, o sin la esperanza de su existencia, la prosa hebrea nunca habría recuperado su esplendor pretérito ni ganado el actual. Las literaturas escritas en lenguas no europeas deben a los mediadores culturales sus enteras posibilidades de difusión. Demasiado habitualmente, se refractan las simpatías y diferencias de Washington o Berlín, Yale o la Sorbona, un editor barcelonés o una colonia del DF. Es por ello tanto más destacable que Henie Hajdenberg, argentina y estudiosa en Tel Aviv, nos ofrezca en Lengua de tierra su propia selección, traducción y anotación de diez cuentos hebreos de autores israelíes. La suya es una mediación que no reconoce otras, y todos los lectores estarán agradecidos a ella y a su editorial.
El programa de Hajdenberg es "reflejar la notable evolución", en poco más de cien años, de una narrativa hebrea de ficción que se inició en 1853 con la novela histórica y romántica El amor a Sión de Abraham Mapu. Entre los cuentistas hebreos, Hajdenberg elige a los israelíes. No hace falta insistir en que el concepto de "literatura (nacional) israelí" es problemático. Hajdenberg parece restringirlo, en este libro, a los autores de expresión hebrea, pero ampliarlo lo suficiente como para incluir a quienes habitaban en Palestina antes de la proclamación del Estado de Israel.
La primera escritora incluida en la antología Lengua de tierra es Dvora Barón (1887-1950); la última, Leah Aini, nacida en 1962. Aunque no se indique cuándo fueron redactados o publicados los relatos aquí compilados, estas fechas bastan para visualizar la latitud temporal.
Con un criterio que parece el más sólido, Hajdenberg no ha permitido que falten en su compilación las glorias literarias que, en un acto reflejo y medular que será justificado o no, se identifican de manera inmediata con Israel. Quienes busquen a Amós Oz, a S. Yizhar, a David Grossman, los encontrarán. Tampoco falta, por cierto, S. Y. Agnon, Premio Nobel en 1966. De él dice Hajdenberg. "Profundo conocedor del alma humana y de una vasta erudición bíblica, talmúdica y rabínica, utiliza el lenguaje de esas fuentes ancestrales, adaptándolo a la temática contemporánea". En esto transparece una semejanza de estatuto, acaso sólo superficial, entre la literatura (neo)hebrea y la (neo)helénica. Las dos son "una mujer con pasado", como se decía en el siglo XIX.
El cuento de Agnon antologizado es el excelente "Las otras caras". Su primera versión fue publicada en 1932. El argumento es simple; el desarrollo a la vez realista y simbólico. Una pareja se divorcia, a partir de la pérdida descubren que se querían, en el final no sabemos si debemos desear que vuelvan a reunirse. La especialidad de los especialistas es disentir: los estudiosos de Agnon polemizan sobre este final abierto. Una felicidad adicional de Lengua de tierra es que Hajdenberg nos refiere en un "Epílogo" esas disputas y nos brinda otra solución, entresacada de las páginas mismas de una novela de Agnon, la muy extensa Huésped por una noche.
Además del criterio de representatividad, Hajdenberg concluye su "Prólogo" con la declaración de que también fue guiada por otro en su selección. Quiso elegir obras, dice, que "trasciendan un posible carácter localista gracias a su contenido profundamente humano". También esta guía fue atendida con escrúpulo. El primer cuento, "Partículas", narra cómo "la huérfana mal parecida, despreciada y dependiente de la caridad, se transforma no sólo en dueña de su vida sino también en generosa benefactora, aureolada por una serena dignidad que la embellece". Los tonos íntimo, familiar, rural, lírico, nostálgico o simbólico son los que dominan en la antología. La Historia parece distante en el Israel de estos cuentos, a pesar de que el país jamás se ausenta de la cita con las páginas de noticias internacionales de los diarios. Sólo "Camino a Jericó", de S. Yizhar, es un cuento de soldados y guerra y árabes que murmuran Alá y Alá. Es un relato nada épico, de reservistas maltrechos, que vieron muchos refugiados y saben desconfiar cuando escuchan a alguien "contando que los paracaidistas estaban ascendiendo finalmente al Golán, y qué días gloriosos, y quién lo hubiera creído".
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Sergio Di Nucci
- Página/12, de Buenos Aires -
“Esta Antología del cuento israelí, tal el subtítulo del libro, cumple la función de abrir la puerta hacia una literatura poco conocida aquí, y dentro de ella, a un género poco difundido. Hajdenberg,, argentina perfeccionada en la Universidad de Tel Aviv, escogió diez cuentos de otros tantos autores, los tradujo y escribió sendos prólogos individuales y uno general en el que sintetiza la historia de las letras y la del idioma hebreo que, circunscrito por siglos casi exclusivamente a lo religioso, renació a la literatura a partir de la Ilustración, y como lengua cotidiana, desde la migración sionista que llevó a la creación del Estado de Israel.
De los autores seleccionados, cinco provenían de Europa oriental, tres nacieron en la Palestina del Mandato Británico y los últimos en el Israel ya independiente. La superposición de lo antiguo y lo moderno en la lengua facilita ecos bíblicos, oportunamente anotados por la traductora. “Partículas”, de Dvora Barón (1887-1950), transcurre en una típica aldea de Europa oriental y, al modo decimonónico, resume con pinceladas precisas toda una vida desgraciada, que encuentra el mayor calor “humano”, irónicamente, en una vaca. El Premio Nobel 1966 S. Agnon (1888-1970), parte de cuya obra ha sido traducida al castellano, nació en la Galitzia austrohúngara y exhibe cierto eco vienés en "Las otras caras", cuento que narra la larga jornada de un matrimonio que acaba de divorciarse y cuyo diálogo es sólo la intermitente afloración del flujo mental. "En el camino a Jericó" de S. Yizhar (1916), el más veterano de los nativos del futuro territorio israelí, tiene un dejo de relato de ruta al estilo de Hemingway. Con la Guerra de los Seis Días como trasfondo, se asiste a pequeñas grandes tragedias de uno y otro bando.
En "Horizonte", B. Tammuz (1919-1989) narra, con toques de extraño lirismo, dos días en la vida de un niño más adaptado al entorno natural que al humano, durante el Mandato Británico. "El llanto", de A. Megued (1920), transcurre en un kibbutz después de la independencia; en este caso, los "inadaptados" son dos: el padre y el hijo, a cuyo llanto alude el título. A. Appelfeld (1932), fugado de un campo de concentración, explora sutilmente en "Berta" -relato alucinante, al borde de lo fantástico- las huellas del tormento nazi en los sobrevivientes. En "La gallina de tres patas", de Y. Kenaz (1937), la construcción se vuelve más compleja; el protagonista es un niño y el escenario, un kibbutz durante el Mandato Británico. De Amós Oz (1939), el escritor israelí más conocido y traducido en el mundo hispano, se incluye "Las tierras del chacal", cuento que da título a su primer libro, aún no traducido a nuestra lengua. En él, Oz se muestra ya en pleno dominio de recursos que con el tiempo puliría: metáfora lírica y metáfora narrativa, elipsis, yuxtaposición de episodios. Con las voces de los chacales nocturnos como inquietante música de fondo, una joven visita la trampa que le tiende el más animalesco miembro de su kibbutz y se encuentra con una revelación inesperada. David Grossman (1954), traducido al castellano en los últimos años, bucea en "Días de a dos" por los magmas de un séptimo aniversario de bodas, donde flotan amenazas de desempleo, recuerdos, engaños, conflictos. Con "Hasta que pase toda la guardia" de Leah Aini, la más joven (1962), la creciente riqueza estilística cede terreno a cierto efectismo, sin llegar al golpe bajo. Hija de un sobreviviente emigrado de Salónica, Aini narra la irrupción de rastros ominosos en una situación aparentemente trivial.
El conjunto de los cuentos reunidos en Lengua de tierra, con sus parentescos y diversidades, conforma una breve historia de una literatura relativamente joven, contada por la literatura misma.
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Pablo Ingberg
- La Nación, de Buenos Aires -
“Sólo a fines del siglo XVIII con el surgimiento del Iluminismo en Europa, el hebreo volvió a ocupar un lugar relevante en la cultura secular -antes lo era nada más que en la religiosa- a través de distintas creaciones literarias. Pero, es a partir del siglo XX que la narrativa se desarrolla en forma vertiginosa e intensa en esa lengua. Esta estupenda antología abarca desde los clásicos contemporáneos hasta la nueva literatura joven, desde la estética del realismo hasta la postvanguardia. E incluye relatos de autores tan relevantes como Shai Agnon, Premio Nobel de Literatura; Amós Oz, Dvora Barón, David Grossman o Yehoshua Denaz, todos artífices de una obra que, a pesar de las viscerales resonancias que la unen a la tradición o a temas universales como el amor, el temor a la muerte o la incertidumbre vital, este también comprometida con su tiempo, con la preocupación humanista, el pensamiento crítico o el deseo de una más justa convivencia en una región donde la paz sigue siendo un valor muy inestable.” VER MÁS
- Revista Cabal, de Buenos Aires -