Autores Varios
La imposible amistad
Maurice Blanchot y Emmanuel Levinas
- Colección: Filosofía e historia
- Género: Ensayo
- ISBN: 987-1156-10-3
- Páginas: 356
Autores Varios
“ Una filósofa, Marta López Gil, y una arquitecta, Liliana Bonvecchi, desarrollan y enfrentan los pensamientos y los escritos de Blanchot y Levinas a través de nueve cuestiones (la ambigüedad, la locura, el arte, entre otras). En los autores invocados, dicen, suena un eco incorrecto para la academia. "El objetivo de este libro fue conducir esas voces de modo que no se sepa ya quién es el que habla. No estarán contentos los levinasianos, celosos guardianes de la fortaleza filosófica o religiosa de Levinas. Tampoco lo estarán los eruditos aficionados al Blanchot literario. No obstante, pensamos que sin preconceptos la lectura resultará gozosa", afirman en una nota preliminar. ” VER MÁS
- La Capital -
“Desde que el escritor, crítico y ensayista francés Maurice Blanchot y el filósofo judío lituano Emmanuel Levinas tomaron contacto a comienzos de los años veinte (del siglo pasado), se embarcaron en una amistad "imposible", que dio como resultado una extraordinaria y profunda aventura intelectual. Como dos vagabundos del pensamiento, uno y otro parecen dar vueltas en torno a una problemática específicamente filosófica. Sin embargo, uno se asemeja a un místico y el otro, a un ateo poseído por los demonios sagrados de la escritura. En este libro, una filósofa y una arquitecta y teórica, desarrollan y enfrentan las ideas de Blanchot y Levinas, tanto desde el concepto como la imagen; gracias a esta "imposible" amistad, el pensamiento moderno se vio enriquecido porque entre ambos pusieron en crisis los viejos modos de pensar la literatura, la filosofía, la metafísica y la poesía. ” VER MÁS
Pablo Chacón
- www.argenpress.com.ar -
“En La imposible amistad. Maurice Blanchot y Emmanuel Levinas, una filósofa (Marta López Gil), y una arquitecta y ensayista (Liliana Bonvecchi) se internan en la obra de dos autores contemporáneos que hicieron de la extrañeza y el misterio del rostro del prójimo el centro radical de su pensamiento. Porque si Heidegger encontró en la autoconciencia de la propia muerte la clave para pensar la condición moderna, Blanchot y Levinas (dos “sobrevivientes” de los campos de concentración) coinciden en que es sólo frente a la muerte del Otro donde es posible tomar conciencia de la propia finitud. En este frágil suelo común, las autoras se animaron a pensar una “amistad imposible” (una amistad con el Otro en su radical diferencia). La propuesta, entonces, es recorrer la obra de dos autores “vagabundos” e “incorrectos” en torno a cuestiones como el escape del ser, la ambigüedad, la locura, el afuera, el arte y lo infinito. Las autoras no buscan distinguir al Blanchot literario, ensayista y crítico francés, del Levinas de la fortaleza filosófica y religiosa judeo-lituana. Antes que ubicar, jerarquizar o distinguir optan por “confundir esas voces hasta que no se sepa quién habla”. “Rabiosos escritores producen rabiosos lectores”, nos ¿consuelan? las autoras desde el prólogo. (...) A la vez, es una invitación a “alterarse” y a sumergirse en un pensamiento que parece hablar desde su propia imposibilidad y extrañeza, y aun desde el silencio. ” VER MÁS
Cecilia Sosa
- Página/12 -
“Levinas-el filósofo-, Blanchot-el escritor-y la imposible amistad constituye una invitación a pensar en los bordes de lo posible. Marta López Gil y Liliana Bonvecchi recorren, en múltiples direcciones, la vasta obra de quienes supieron dejarse afectar de mutuo pensamiento. Una línea traza el libro de principio a fin. “¿Cuál es la humanidad del ser humano creador de guerras y exterminios?” No es respuesta lo que busca, ya que para ambos, pensar es sostenerse en la pregunta. Así, insisten en la necesidad de salir de la tiranía del yo. Para Levinas, el yo es la violencia que se ejerce sobre el Otro al pretender reducirlo al Mismo que elimina la diferencia. Es en el territorio del exceso donde se comprende la ética como relación con el otro. El Otro, en tanto pura otredad, ejerce un traumatismo sobre el yo, lo excede; resulta siempre inadecuado, desborda cualquier idea que de él pudiera tenerse. En cuanto a Blanchot, su escritura es el “lugar de la aniquilación del sujeto”. Un lenguaje imposible que reniega de su servidumbre referencial, Hablar, es dejar de pensar. No es una instancia reflexiva, sino una locura.: “el flujo del afuera”, lo llama. No se trata de hablar del Otro sino al Otro. Si hablo es porque respondo a un llamado; la palabra no proviene de mi interior, soy pura exterioridad. Una piel que piensa, un afuera en el adentro. Debe agradecerse la inmensa tarea que las ensayistas realizaron sobre el pensamiento de estos autores, así como sobre las voces que en torno a ellos se pronunciaron. Atentas y lúcidas arqueólogas de un imposible más allá, que surca otro más acá. ” VER MÁS
Silvana Simonassi
- Le Monde Diplomatique -
“ Emmanuel Levinas (1905-1995), nacido en Lituania, marcado desde la infancia por su educación judía, el estudio del Talmud y la lectura de grandes escritores rusos como Gogol, Tolstoi o Dostoievski, vivió tempranamente más de un exilio (a causa de la Primera Guerra y de la revolución rusa). Luego se desplazó hacia al oeste para proseguir sus estudios y, antes y después de recalar en Francia, asistió en Alemania a los cursos de Husserl y Heidegger, de quienes se alejaría en su trayectoria. En 1926, en la Universidad de Estrasburgo, conoció a Maurice Blanchot (1907-2003), que se transformaría en uno de los escritores-ensayistas franceses inclasificables -como Pierre Klossowski o Georges Bataille- que dejaron huellas profundas en la generación de Foucault, Derrida, Deleuze o Barthes. Ese encuentro fue el inicio de una amistad de hecho que se afianzó cuando Levinas, movilizado y hecho prisionero en la Segunda Guerra, le pidió a Blanchot que pusiera a resguardo a su mujer y a su pequeña hija en pleno auge de la persecución nazi. No es de esta amistad de hecho de la que tratan las autoras de este libro, sino de la "imposible" amistad entre Levinas, que se sitúa en la filosofía y propone una "ética primera", cultiva la enseñanza, se comprometió con el judaísmo y parece un místico -aunque rechaza la mística-, y Blanchot, que se sitúa en un espacio incierto entre poesía y pensamiento, rehúye la enseñanza, fue políticamente ambiguo y parece un ateo "poseído por los demonios sagrados de la escritura". El libro ensaya acercamientos entre las ideas de ambos autores y se declina en "cuestiones". "La cuestión es..." (así se abre el título de cada capítulo) escapar del ser, la ambigüedad, la pasividad, la locura, el afuera, el arte y lo infinito. La mayoría de los capítulos culmina en un punto en que la cuestión tratada encuentra un eco en el arte: desde el Museo del Siglo de Daniel Libeskind hasta la distancia de la mirada en Wim Wenders. Seguir paso a paso, en La imposible amistad, el denso periplo de cuestiones que exploran estos pensamientos daría lugar a una reseña "imposible". No es imposible, sin embargo, señalar sucintamente algunos de los temas nodales de estos autores que se retoman en cada "cuestión" y se enriquecen al rozarse con conceptos de Kant o Husserl, Agamben o Lacan, entre otros pensadores que entablan aquí un diálogo infinito con escritores como Proust o René Char. Más allá o más acá del "ser o no ser" que atormenta al príncipe Hamlet, Levinas plantea lo impersonal, anónimo e inextinguible del ser, la existencia anterior al existente, que denomina con el término il y a ("hay") y que se experimenta con horror en la noche y el insomnio, en los que no se trata de la ausencia de tal o cual objeto o sujeto sino de la presencia inevitable de la ausencia, de la desaparición de todo y del yo en el ser indeterminado, anónimo, que no puede desaparecer. El horror no sería la angustia de la muerte sino más bien, en esa despersonalización en que se participa de un "hay" sin salida, la imposibilidad de la muerte, de no ser. "Levinas habla del il y a como Blanchot habla de lo Neutro" -señalan López Gil y Bonvecchi- y ambos remiten sendas nociones a "lo inhumano", que es también para ellos el espacio del arte. Blanchot transita la presencia de la ausencia, la noche, la disolución del sujeto y la realidad de la irrealidad -que evocan el il y a- en la apertura de Thomas el Oscuro, y su idea de "neutralidad" es la del anonimato del "Ello", del "El" en que se pierde el sujeto, en la escritura, al hacerse eco de la palabra neutra siempre dicha que no puede dejar de decirse, de ese murmullo impersonal e incesante que tanto atormentó a Samuel Beckett. Los dos autores salen del egotismo y escapan del Ser heideggeriano -esencia imperturbable- a partir de la afirmación de la Alteridad radical y de la distancia infinita del Otro. Es imposible concebir, en la ética levinasiana, algo así como un "yo ético", porque hay una responsabilidad sin límites anterior a la libertad de un "yo" y es el "rostro" del Otro (que no es su cara representada, que está fuera de la representación), expresión del mandamiento "No matarás", el que conmina al yo a asumir la difícil libertad del "¡Aquí estoy!" No se puede hablar del Otro sino hablarle para "invocarlo" como a un "El", ya que la relación entre el Otro y el yo es de una disimetría absoluta, es una relación-no relación. ¿Una "imposible amistad"? En "La amistad" -texto dedicado a Bataille-, Blanchot escribe a su vez que es la lejanía lo que se afirma en la proximidad del amigo y que la amistad "pasa por el reconocimiento de la extrañeza común que no nos permite hablar de nuestros amigos, sino solamente hablarles", en un movimiento en que resuena, "incluso en la mayor familiaridad, la distancia infinita, esa separación fundamental a partir de la cual lo que separa deviene relación". Sumergirse en estas y otras nociones de Levinas y de Blanchot, que están más acá o más allá del pensar habitual y rozan lo informulable, es una experiencia perturbadora. Pero como escribe René Char -citado en este volumen-, "lo que viene al mundo para no perturbar nada no merece ni miramientos ni paciencia". Marta López Gil (autora -entre otros libros- de Zonas filosóficas. Un libro de fragmentos) y Liliana Bonvecchi (arquitecta y Magister en pensamiento contemporáneo) ponen en juego en este libro, con una implicación y una agilidad estilística poco comunes, la opacidad de las cuestiones que retornan obsesivamente en la obra de estos "imposibles" amigos de hecho, opacidad tan irreductible como lo enigmático del arte al que hacen referencia. Con esa agilidad que impulsa en su escritura saltos teóricos, vuelven vivaz lo insomne y hacen rimar erudición con pasión, una pasión que tal vez se aproxime a lo que ellas llamarían "rabia": "Rabiosos escritores producen rabiosos lectores" -escriben-, y esos lectores les deseamos, lectores que se arriesguen a afrontar el rostro de esa incertidumbre sin la cual no advendría ningún pensamiento en el mundo. ” VER MÁS
María del Carmen Rodríguez
- La Nación -


