Bianco, José
La pérdida del reino
- Colección: La lengua
- Género: Novela
- ISBN: 987-1156-17-0
- Páginas: 480
Bianco, José
[HTML]José Bianco (1908-1986) fue jefe de redacción de la revista Sur desde 1938 hasta 1961, los años de mayor esplendor de la célebre publicación. Luego dirigió la colección “Genio y figura” para la Editorial de la Universidad de Buenos Aires, Eudeba. Cuando la dictadura militar de Onganía intervino la Universidad en 1966, Bianco renunció a su cargo.
Fue también un gran traductor. En 1932 publicó La pequeña Gyaros , un conjunto de relatos al que le siguieron dos nouvelles, a comienzos de la década del cuarenta: Sombras suele vestir y Las ratas , caracterizadas, según Borges, por su “rica, voluntaria ambigüedad”. Más de dos décadas después dio a conocer, sorpresivamente, La pérdida del reino , una obra mayor de la literatura en lengua española. Escribió también numerosos ensayos, algunos de los cuales fueron reunidos en el libro Ficción y reflexión
“Murió el mismo año que Borges, pero fueron pocos los que se dieron cuenta. José Pepe Biancpo (1908-1986) fue tal vez uno de los más grandes escritores argentinos, aunque el canon suele olvidarlo bajo la mesa, seguramente porque su obra no ha sido ni tan vasta ni tan refulgente y la construcción que él hizo de sí mismo como escritor lo acercaba más al intelectual de escritorio que a una luminaria de revista. En estimulante sintonía-ya que no se trata de una fecha en particular-, el año que está terminando devuelve a Bianco al centro del sistema literario argentino, haciendo ver la luz nuevamente a su estilo asordinado y exquisito. Hace unos meses fue la reedición de sus nouvelles “Las ratas” (1943) y “Sombras suele vestir” (1941) y ahora es el turno de “La pérdida del reino” (1972), su novela mayor y hasta hoy apenas el secreto de lectores afortunados. La historia de Rufo Velásquez y su novela por encargo vuelve a las librerías, de donde falta desde los primeros años de la década del ’80, cuando el Centro Editor la publicó en dos tomos pequeños, celestes, abigarrados, que se deshilachaban sin culpa con el correr de los días y la lectura. Disgustado con su estilo y habitualmente cruel con sus escritos, Bianco recién se decidió a publicar “La pérdida del reino” veinte años después de comenzar a escribirla, y luego de que pasaran entretanto varios años con la novela en el placard. Por entonces, su nombre ya era reconocido en el ambiente cultural por haber sido secretario de redacción de la mítica revista “Sur” durante 23 años y por la delicada trama de sus dos nouvelles de la década del 40, elogiadas sin avaricia por Jorge Luis Borges, Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo. De hecho, “Sombras...” había sido un encargo que este trío de escritores le hizo a su amigo para integrar la célebre “Antología del cuento fantástico”, pero Bianco no llegó a terminarla a tiempo. Además de merecer varias reediciones y generalmente en conjunto, como narraciones gemelas que se hunden en lo sobrenatural, “Las ratas” fue filmada por Luis Saslavsky. “Sombras suele vestir” apenas si quedó en los planes de un productor español y del director mexicano Arturo Ripstein, pero nunca llegó a la pantalla. El matrimonio intelectual de Pepe Bianco con Victoria Ocampo se inició en 1938, cuando él reemplazó en el puesto de secretario de “Sur” a Guillermo de Torre, y duró hasta 1961. Durante esos años, Bianco fue el verdadero motor de la revista y de la editorial. Mientras Victoria ponía el dinero y la figura, Bianco corregía artículos, trataba con los autores y seleccionaba los títulos de la colección. Su talento como traductor también comenzó a ser apreciado entonces, en inglés y en francés: autores identificados con su tiempo como Genet y Sartre, y otros más clásicos como Henry James aparecieron en castellano a través de sus ideas e iluminaciones. Los entendidos aún valoran su traducción de “The turn of the screw”, de James, y lo que fue su acertada elección de “Otra vuelta de tuerca”, como el equivalente español del título original. “Una traducción debe ser lo más tersa posible, para que el lector no esté recordando todo el tiempo que lee un libro traducido, y a la vez, seguir el delicado ajuste verbal del estilo en su lengua de origen” dijo varios años después. (Como si “Sur” hubiera sido la verdadera cuna del intercambio idiomático y la noticia cultural venida de extramuros, quien lo sucedió como secretario de la revista y de Victoria, Enrique Pezzoni, fue otro de los grandes nombres de la traducción en la Argentina.) En 1961 Bianco se liberó de la tiranía de Victoria. Lo hizo a través de un viaje y de una decisión. Sucedió cuando lo convocaron-a dos años de la revolución de Fidel Castro-como jurado del Premio Casa de las Américas en La Habana. Caprichosa y tirana, Ocampo le exigió a su histórico y fiel secretario que aclarara en la revista, mediante un artículo, que si viaje era a título personal y no como representante de “Sur”, a lo que Bianco se negó. Finalmente, mientras él leía originales en Cuba, Victoria escribió ese texto y lo publicó en la revista, con lo que la relación entre ambos-y la función de Pepe en “Sur”-terminó para siempre. Lector voraz y delicado, con un talento natural para la selección y edición de textos, Bianco trabajó más tarde en las colecciones de Eudeba (Editorial Universitaria de Buenos Aires) hasta 1967, cuando renunció, Onganía mediante. Ya lejos de Victoria, Pepe siguió traduciendo, escribiendo y practicando la crítica literaria y el oficio de la buena amistad. Decadencia de una clase En un lenguaje clásico y exquisito, a través de sus casi 500 páginas, “La pérdida del reino” retrata la vida de Rufo, un señorito de clase alta sumido en la vergüenza por la muerte deshonrosa de su padre y que sólo consigue llevar adelante su proyecto literario a través de otro, cuando, ya adulto y a punto de morir, decide legarle sus papeles y apuntes autobiográficos para que éste les dé forma de libro. Además de un juego literario refinado y atípico en la literatura argentina, “La pérdida del reino” puede traducirse también como un conjunto de postales que definen una clase social que pocas veces se criticó a sí misma. Muchachos sudorosos echados desnudos al sol sobre las piedras, a la vera de un río; cuidados veleros atravesando el Delta con un grupo de pitucos conversando nimiedades; quintas de cientos de hectáreas en donde pequeños coros de chicas bien-copa en mano-critican a una chiruza o a algún advenedizo. Matrimonios legítimos que son sociedades comerciales y negocios sociales a la vez; amistades con sexo ocasional y vertiginoso en cuartuchos miserables; abortos clandestinos, crímenes oscuros, curas perversos y adolescentes procaces y traidores. Para el título de su novela, un delicado ejercicio sobre la memoria y, a la vez, un juego de estilo sobre lo que es posible hacer con la memoria de los otros, Bianco tomó prestado un verso de “Nocturno”, el poema de Rubén Darío (“Y el pesar de no ser lo que yo hubiera sido/ y la pérdida del reino que estaba en mí...). Si Bioy Casares pintó a la alta sociedad porteña desde la mirada del mujeriego bon vivant, Bianco consigue desnudar el punto justo del viraje hacia la decadencia de esa misma clase, pero bajo la turbia lupa de un entomólogo cuya sexualidad se niega a definirse. Con un lenguaje de clase fechado en los diálogos (“No hables de lo que no entiendes”), el tono del relato es definitivamente clásico y deliberadamente alejado de todo tipo de énfasis y juicios de valor. “En una novela no me gusta enjuiciar. Me limito a pintar. (...) El propósito era hacer una novela tradicional, rehuir de las técnicas modernas que admiro mucho, pero que no son, dicho de paso, demasiado difíciles. Empezar por el fin y tratar de que el lector lo olvidara. Que fuera y no fuera una novela lineal”. Así describió Bianco su novela en 1976. La cita pertenece a un diálogo con Danubio Torres Fierro que consta en la edición de “Ficción y realidad”, el libro de artículos dispersos de Bianco publicado por Monte Ávila. Lejos de la radiografía política, detrás de la historia literaria de Rufo, Bianco hace pasar por su relato a Yrigoyen, Alvear, Uriburu, Perón o Lisandro de la Torre, pero sin nombrarlos: son sólo como sombras tutelares de un determinado tiempo histórico. Como en “En busca del tiempo perdido” de Proust, es el final de una época lo que tiene lugar en esas páginas atosigadas de mansas servidumbres y niños bien. De campos en Córdoba y estrictos colegios religiosos. De tríos amorosos y madres idealizadas que deslizan finales de frase en francés. De fortunas a punto de evaporarse, ovejas negras de las familias y modernas frivolidades inútiles. En el tiempo perdido de Rufo Velásquez, lo único que puede recuperarse es la memoria. ” VER MÁS
Hinde Pomeraniec
- Clarín -
“ José "Pepe" Bianco nació en 1908 y murió en 1986 y fue, sin dudas, uno de los autores arhentinos más interesantes. La editorial Adriana Hidalgo está, ahora, reeditando parte de su obra. Bianco fue jefe de redacción de la revista Sur desde 1938 hasta 1963, y renunció por una disputa con la olímpica Victoria Ocampo. Sin embargo, el autor de "Las ratas" fue un traductor inigualable y uno de los miembros de Sur más recordados. "La pérdida del reino", el libro que acaba de reeditarse, es una novela que fue dada a conocer por Bianco en la década del sesenta. ” VER MÁS
- Revista La Nación -
“ Mítico jefe de redacción de la revista Sur, desde 1938 a 1961, a menudo José Bianco es mucho más recordado por esta función-que desempeñó con notable talento-que como escritor, oficio en el que, a pesar de una producción escasa, brilló como pocos. Admirado por sus nouvelles más conocidas (“Sombras suele vestir” y “Las ratas”), se suelen olvidar de este autor los relatos de “La pequeña Gyaros” y esta novela estupenda que es “La pérdida del reino”, que ahora Adriana Hidalgo tuvo el buen tino de reeditar. En ella, en unas 500 páginas que se leen con verdadera fruición debido a la tersura y refinamiento impares del estilo de Bianco, se describe cierta épica del fracaso en algunos sectores del mundo literario. El pretexto para esta travesía son los papeles y apuntes de un frustrado escritor que, poco antes de morir, quiere elaborar su autobiografía. La solidez de la estructura novelística de Bianco recuerda a algunos grandes maestros del género del siglo XIX. Por lo demás, algunos personajes, como Luisa Doncel, son de arquitectura perfecta. ” VER MÁS
- Revista Cabal -


