Di Benedetto, Antonio
Cuentos completos
- Colección: La lengua
- Género: Cuento
- ISBN: 978-987-1156-53-5
- Páginas: 704
Di Benedetto, Antonio
Antonio Di Benedetto nació en la ciudad de Mendoza en 1922 y murió en Buenos Aires en 1986. Es autor de novelas y varios libros de relatos: Mundo animal (1953), El pentágono (1955; reeditado en 1974 con el título Anabella), Zama (1956), Grot (1957; reeditado en 1969 con el título Cuentos claros), Declinación y ángel (1958), El cariño de los tontos (1961), El silenciero (1964), Los suicidas (1969), Absurdos (1978) y Sombras, nada más... (1984). Además de narrador, Di Benedetto fue periodista y guionista de cine. Recibió numerosos premios y becas, y sus libros han sido sucesivamente reeditados y traducidos a otros idiomas. Detenido por la dictadura militar en 1976, tras un año de cárcel se exilió en España, de donde regresó poco antes de su muerte.En su proyecto de publicación de la obra completa de Di Benedetto, Adriana Hidalgo editora publicó: Cuentos completos´, El pentágono, El silenciero, Escritos periodísticos, Los suicidas, Sombras, nada más..., Zama y la trilogía de novelas de la espera que reúne: Zama, El silenciero y Los suicidas.
“ Hasta el rescate que la editorial Adriana Hidalgo emprendió a fines de los noventa, impulsado por lectores entusiastas como Saer, Antonio Di Benedetto era un escritor de culto, periférico, de circulación restringida. Lo curioso es que durante gran parte de su vida, sus libros fueron muy leídos y premiados. El olvido llegó con el Proceso, la cárcel, la tortura y el exilio en España. Ahí, aun cuando su obra ya era clásica y gran parte de ella había sido traducida a varios idiomas, el escritor sobrevivió, según cuenta Roberto Bolaño en el relato que abre “Llamadas telefónicas”, gracias a la maquinaria de premios literarios de provincias lubricada por los generosos fondos de los ayuntamientos ibéricos. En uno de los últimos movimientos para reponer una obra imprescindible, que finalizará el año que viene con el rescate de su última novela, “Sombras, nada más”, acaban de editarse sus “Cuentos completos”. El volumen abre con “Mundo animal”, su primer libro, de 1953, cercano al ejercicio de estilo, a un bestiario de instantáneas de hombres-animales. También ejercicios-de supervivencia-son los textos de “Absurdos”, escritos en cautiverio, y de la memoria, en el caso de “Cuentos del exilio”. Por su parte, “Cuentos claros” y “El cariño de los tontos” están a la altura de lo mejor de su narrativa. El relato que da nombre a este último, “La justicia de Dios” y “Caballo en el salitral”, por mencionar sólo algunos, podrían ser considerados, entonces, como los vértices de un triángulo de corto aliento inscripto dentro de ese otro mayor, el que componen las novelas “Zama” (56), “El silenciero” (64), y “Los suicidas”. Esta edición definitiva de más se setecientas páginas al cuidado de Jimena Néspolo y Julio Premat incluye, además, cuatro relatos totalmente inéditos y más de una docena casi desconocidos. Seguramente, alguno de esos con los que Di Benedetto se las ingeniaba para pagar el alquiler ” VER MÁS
Matías Capelli
- Inrockuptibles -
“ “Una página de Di Benedetto es inmediatamente reconocible, a primera vista, como un cuadro de Van Gogh”, decía Juan José Saer. A 20 años de la muerte del escritor y periodista Antonio Di Benedetto, su literatura está venciendo el olvido, el maltrato y la indiferencia, que también había sufrido el autor en los últimos años de su vida, cuando regresó del exilio. La editorial Adriana Hidalgo, que desde 1999 está reeditando la obra del escritor mendocino (El silenciero, Cuentos claros, Zama, Mundo animal, Absurdos y El pentágono, entre otros), acaba de publicar los Cuentos Completos, que incluye varios relatos inéditos y algunos cuentos que sólo circularon en diarios, antologías o revistas. La semana pasada se estrenó el film Los suicidas, de Juan Villegas, el primer largometraje hecho a partir de una obra del escritor mendocino, y esta semana en la Biblioteca Nacional se realizarán jornadas de homenaje con la participación de Noé Jitrik, Luis Chitarroni, Mario Goloboff, Marcelo Cohen, Hebe Uhart y Graciela Speranza, entre otros. En una autobiografía que escribió en 1968 por encargo para una publicación de Alemania Occidental, Di Benedetto, que nació el 2 de noviembre de 1922 en Mendoza, decía que prefería la noche y el silencio. El escritor pensaba que los ruidos introducen en el mundo el accidente, la asimetría, el sufrimiento. “El trabajo del escritor tiene mucho de embaucador, claro que sin una connotación moral represiva –explicaba el autor de Zama–.Creo que Borges encontró una fórmula: dice que el autor escribe sobre lo que descree para hacer que lo crea el lector.” Aunque había cursado algunos años de abogacía, se dedicó al periodismo y a la literatura. Se cuenta que en su despacho de director del diario Los Andes tenía una botella de alcohol para lavarse las manos después de saludar a quienes iban a verlo. “Es que las manos son una parte especial del ser humano, pero lo que uno toca y hace con ellas no siempre es bello –explicaba el escritor–. Los crímenes que se cometen con las manos, lo que se ensucia con ellas... Y aunque no lo haga con las manos, su piel se contamina a tal extremo que la representación más descarnada es la de las manos. Es por donde recibe a la gente, o sea por la mirada y por las manos.” En 1953 publicó su primer libro de cuentos, Mundo animal (que obtuvo el Premio Municipal de Mendoza en 1952 y la Faja de Honor de la SADE, en 1953), en los que el autor eligió animales domésticos que mantienen una relación “más íntima” con el hombre. Su prosa aparentemente sencilla y lacónica, potente y a la vez personal, se fue aceitando en El pentágono (1955), su segundo libro y primera novela, y alcanzó su máxima soltura, rigor y perfección con Zama, publicada en 1956. “El ejercicio del periodismo da una agilidad expresiva y una capacidad de síntesis muy diestra en saber distinguir lo principal de lo secundario. Eso es muy valioso para un escritor –planteaba Di Benedetto–. Pero más importante todavía me resultó lo que dijo un escritor, que creo que fue John Steinbeck, sobre su aprendizaje en el periodismo y la fluidez que le había dado para describir la vida y los personajes en la literatura. Fue cuando le dieron un gran premio, que también contó que había sido cartero por muchos años y lo echaron porque le resultaba irresistible violar la correspondencia buscando historias que excitaran su imaginación de escritor.” “A mí la realidad siempre me maltrata, me ha dado una vida bastante dura, atormentada. No se puede convocar a la irrealidad para que gobierne nuestra vida cotidiana, pero sí se puede buscarla como consuelo mediante los sueños. Y la otra forma de alcanzar la irrealidad es mediante la literatura fantástica. Entonces, ya no nos queda solamente el consuelo de la noche para soñar. Uno ingresa al cuento y puede llegar hasta el cuello en su ahogo, pero no se muere”, decía el escritor, que seguía escribiendo y publicando relatos, Cuentos claros (1957), Declinación y ángel (1958) y El cariño de los tontos, entre otros, para exorcizar ese ahogo o acaso como un consuelo. El 24 de marzo de 1976, la misma noche del golpe militar, Di Benedetto fue arrestado. Primero estuvo detenido unos meses en Mendoza, en el Colegio Militar. “No se lo podía ver, pero sí llevarle ropas y alimentos. Cuando lo trasladaron sorpresivamente a la Unidad 9 de La Plata, no nos dijeron adónde lo habían llevado. Empezamos a buscar con Bernardo Canal Feijóo, y los dos, cada uno por su lado, logramos saber su destino”, recordaba Adelma Petroni, una escultora amiga de Di Benedetto. Estuvo detenido un año y siete meses, desde marzo de 1976 hasta septiembre de 1977. “Yo pedí a todo el mundo que hiciese lo posible para lograr su libertad. Finalmente el Premio Nobel de Literatura Heinrich Böll le envió un telegrama a Videla”, dice Petroni. El autor sufrió cuatro simulacros de fusilamiento y numerosos golpes. Sin poder escribir, porque le rompían todos los papeles, encontró entonces un ardid: “Me mandaba cartas donde me decía: ‘Anoche tuve un sueño muy lindo, voy a contártelo’. Y transcribía el texto del cuento con letra microscópica”, reveló Petroni. Esos cuentos se terminarían editando bajo el título de Absurdos. Con el anticipo que le dio el editor viajó a Europa, dio algunas vueltas y se instaló en España. Cuando salió de la cárcel, a los 56 años, lo esperaban el destierro, la miseria y la enfermedad. “Ni una sola vez lo oí quejarse, y cuando le preguntaba las causas posibles de su martirio, sonreía encogiéndose de hombros y murmuraba: ‘¡Polleras!’. Pero ese año indigno lo destruyó”, contaba Saer. Di Benedetto sostenía que nunca estuvo seguro de que hubiera sido encarcelado por algo que publicó: “Mi sufrimiento hubiese sido menor si alguna vez me hubieran dicho por qué exactamente. Pero no lo supe. Esta incertidumbre es la más horrorosa de las torturas”. La economía y la exactitud, matizadas con lo coloquial, lo lírico y lo reflexivo, fueron las máximas virtudes de la prosa de Di Benedetto. Su obra está empezando a ocupar lentamente el sitio que se merece en la literatura argentina. ” VER MÁS
Silvina Friera
- Página/12 -
“ Hatsa ahora se insistía en el carácter sobre todo de novelista de Di Benedetto, en una serie liderada por "Zama". Ahora este muy grueso volumen vuelve posible que el eje comience a desplazarse. Y que se vaya descubriendo en él a uno de los cuentistas fundamentales de nuestra literatura. La crueldad, la ternura, la mezcla de un castellano clásico con un modo absolutamente personal de encarar la frase y el párrafo, unido a un uso insólito del espacio y el concepto de personaje, se mezclan en un mundo trizado e intenso. ” VER MÁS
- Revista Noticias -
“ Escritor, periodista y guionista, Antonio Di Benedetto (1922-1986) emprendió el exilio a España tras padecer los horrores de la última dictadura durante diecinueve meses. Antes, dijo en una entrevista: “Soy el personaje de una novela no escrita de la que soy protagonista. Soy un tipo simple. Vulgar, póngale”: La edición de estos “Cuentos completos” ratifica su inclinación por la simpleza a la hora de pintar sus personajes, pero rechaza la idea de que fuera un hombre vulgar, aun cuando lo dijera con sutil ironía. Las setecientas páginas de esta cuidada edición de Adriana Hidalgo-que termina de cumplir su promesa de publicar la obra completa del escritor de las recordadas “Zama”, “Los suicidas” y “El silenciero”-se leen como un merecido homenaje al mendocino que volvió del exilio en 1985 y murió poco después, en 1986. Como un muestrario de cuentos y otros textos muy breves, la obra rescata del olvido relatos publicados antes en forma de libro, catorce cuentos publicados en distintos medios y cuatro relatos inéditos-“La prematura espera”, “Epístola paternal a Fabia”, “Trencito de la infancia” y “Muy de mañana, en el cementerio”. En todos ellos, signados por la intimidad, la cotidianeidad, los rasgos costumbristas y lo fantástico, los textos de Di Benedetto ofrecen un ritmo peculiarísimo: son anacrónicos y raros, y llevaron a Juan José Saer a hablar de ellos-al igual que de sus novelas-como productos de “la prosa más original del siglo XX en lengua española”. ¿Un cuento entre todos? “Aballay”, sobre un gaucho pampeano que se niega a desmontar un caballo hasta lavar sus culpas por haber asesinado. ” VER MÁS
A.R
- Revista Veintitrés -
“ Este año las fechas parecieron confabularse: estamos a 20 años de la muerte de Antonio Di Benedetto y a 50 de la primera publicación de "Zama", aquella gran novela que el autor aseguró haber escrito en sólo un mes bajo el techo de una casa vacía, y que el tiempo ha destilado hasta erigirla en algo así como un clásico de lo anticlásico. En este contexto, podríamos estar tranquilamente componiendo una misiva que hable de la injusta ausencia de los libros de Di Benedetto en nuestras librerías. Pero no. El proyecto que inició hace un tiempo la editorial Adriana Hidalgo (a saber: la publicación sistemática de la obra completa del mendocino) ha inundado los estantes con cuidadas ediciones de su narrativa, y ahora propina la estocada final con la salida de "Cuentos Completos", un volumen de 700 páginas que, en pocas palabras, lo tiene todo. El imponente tomo de "Cuentos completos" está armado con seis libros de relatos –un camino que va desde Mundo animal, de 1953, hasta los "Cuentos del exilio", publicado en 1983–, un puñado de cuentos publicados en diarios y revistas y cuatro historias inéditas. Decíamos, unas líneas atrás, que el libro lo contiene todo: es el jeroglífico final de una extraña poética de lo breve y lo conciso, de una literatura que discurre en el éxtasis de la línea corta y el aliento tajante. Muchos aseguran que en su impres-cindible tríptico de novelas –"Zama", "El silenciero" y "Los suicidas"– está el corazón de su ímpetu narrativo, y que los cuentos son la posibilidad lúdica que encontró Di Benedetto para experimentar con el estilo. Pero no es tan simple. Es cierto que sus novelas y sus cuentos cortos pueden verse como dos reflejos, de frente y de reverso, de una misma literatura. Pero si algo le aportó Di Benedetto a nuestra literatura es que el estilo pueda ser una respiración asmática para interpretar la realidad, y un modo de rearmar esa realidad en la ficción. Así, el estilo muchas veces es la narración. Ese pulso preciso, ausente, silencioso, que buena parte de la crítica asoció con el objetivismo francés y se frotó las manos con la satisfacción del trabajo cumplido. Pero no hay que ignorar que Di Bendetto, además de reconfigurar algunas líneas fuertes de la literatura nacional, fue un fino lector de la tradición francesa en el momento mismo de sus estallidos. Vio las fisuras del pase de generación del existencialismo al objetivismo, y pudo armar una literatura que conjugue algo de ambas propuestas. En lo que respecta a la tradición argentina, muchos han mencionado justificadamente el extrañísimo y magnético relato “Aballay”, incluido en este volumen, como el centro crucial para pensar el afuera y el adentro del autor en el canon. “Aballay” es la historia de un gaucho que, para redimirse de las culpas por haber matado, decide subirse a su caballo y ya nunca volver a bajar (así lo escribe Di Benedetto: “Esta noche, Aballay ha decidido despegarse de la tierra (...) Está firme, a conciencia, en el trato consigo mismo de separarse del suelo y llevar su vida en penitencia. Mató, y de un modo fiero”). Hacia el final del cuento, el hijo de la víctima de Aballay lo encuentra y venga a su padre dando muerte al gaucho del cuento. La posible proyección crítica se despliega con naturalidad: si Borges en “El fin” cerró la gauchesca con un duelo filoso, la de Di Benedetto sería una clausura alucinada del género. Algunos críticos, como Julio Premat en el prólogo de los Cuentos completos, fueron más allá: “En ‘Aballay’, Di Benedetto cristaliza su relación con la cultura y con el sistema literario a los que pertenece”. Es sabido que Di Bendetto vivió y escribió muchas veces bajo las peores condiciones. Conoció la tortura, conoció el encierro. Es difícil y acaso inútil demorarse conjeturando qué y cómo habría escrito de haber sido otras las circunstancias. Pero la historia está escrita, y sus cuentos parecen por momentos ser una reacción, una resistencia a aquella realidad. Son cuentos “inactuales” (la palabra es de Jimena Néspolo, que también trabajó en este volumen). Son cuentos que no se inscriben en un tiempo nombrable, sino que escriben ellos mismos un tiempo y una temporalidad. Es más: los de Di Benedetto son relatos que, a fuerza de sustraer un lugar, un tiempo y una lengua, descubren sus reversos utópicos y alucinantes. Hay algo del orden de lo físico que instala la extensión de los cuentos de este libro. Ya el autor había dividido sus historias en dos tomos, uno de formas breves y otro hecho de prosas de más largo aliento. En los "Cuentos completos", la narrativa más extensa parece irse carcomiendo a sí misma para dejar lugar en las páginas blancas a un puñado de cuentos cortísimos, estertores, relámpagos. Es como si el vacío del relato, el silencio y el abismo fueran consumiendo lenta pero decididamente esas extrañas manchas negras que son las letras, para armar ahora una poética erigida con la materia con que está hecho lo inenarrable. Una poética del silencio, del quiebre, de lo mínimo. Es como si en ese mundo que propone Di Benedetto, en donde el tiempo y el lugar no son la pura convención, no hiciera falta acumular grafías, amontonar pa-labras. Es curioso: en uno de los cuentos más bellos del mendocino, “Falta de vocación”, donde se narra la historia de un jubilado que le empieza a pasar pequeñas crónicas a un periodista para recibir algún juicio de valor sobre su escritura, ese periodista dice: “No los haga tan cortitos. ¿Es su estilo? Bueno. Pero así nunca podrá armar un libro”. Quizás, imaginemos, alguna vez alguien le dijo eso a Di Benedetto. Pero, con la insobornable moral de quien escribe por una necesidad, el escritor siguió escribiendo. Escribió en la cárcel, escribió en la pobreza, escribió en el exilio. Y finalmente, contra lo que vaticinaba el personaje del cuento, sí pudo armar un libro. Aquel libro es "Cuentos completos", y a partir de ahora quizá tengamos que hablar de él como un libro imprescindible. ” VER MÁS
Mauro Libertella
- Página/12 -
“ "Anoche tuve un sueño muy lindo: voy a contártelo..." Esta frase bien podría ser el puntapié para algun flashback en cualquier filme clásico, pero nada más lejos que eso. Se trata de palabras ciertas escritas por Antonio Di Benedetto desde la cárcel a su amiga, la escultora Adelma Petroni. De esta forma, simulando sueños, Benedetto lograba seguir escribiendo cuentos y que pudieran conocerse fuera de prisión. Hacia 1978, estos relatos fueron editados por primera vez en España bajo el título de "Absurdos". A poco de cumplirse 20 años de su muerte la editorial Adriana Hidalgo prepara para octubre la edición de sus "Cuentos Completos". Así se cumple un merecido homenaje a este hombre de las letras que transitó el periodismo, el cine y la literatura. Secuestrado por el ejército en 1976, Benedetto padeció 19 meses en cautiverio y 4 simulacros de fusilamiento. Recuperó su libertad, sí, partió al exilio europeo y volvió en 1985. La edición incluirá un total de 90 cuentos, "habrá catorce cuentos que fueron publicados en distintos medios y luego no retomados en libros, y cuatro relatos absolutamente inéditos ("La prematura espera", "Epístola paternal a Fabia", "Trencito de la infancia", "Muy de mañana, en el cementerio") —adelanta Jimena Néspolo, biógrafa de Benedetto—. A la edición de sus cuentos hay que sumarle para octubre el estreno de "Los suicidas" de Juan Villegas, adaptación de la novela de Benedetto, más una serie de actividades que se realizarán en la Biblioteca Nacional. Si bien la figura de Di Benedetto es casi indisociable de sus novelas "Zama" (1953), "El silenciero" (1964) y "Los suicidas" (1969), para muchos una trilogía, su producción de relatos también acompaña toda su carrera. Según Néspolo, "Mundo animal" (1953), su primer libro de cuentos, "reúne los primeros relatos de un Di Benedetto joven e inquieto, que busca y ensaya en todas las modalidades de lo fantástico, una alternativa estética más cosmopolita que le permite distanciarse de cierto tradicionalismo que definía, entonces, el deber ser de la literatura de las provincias". Treinta años después, Di Benedetto publica en 1983, un año antes de regresar a la Argentina, su último libro de relatos con el que marca otro momento de su escritura. "Cuentos del exilio está atravesado por otra problemática: la del exilio. Son relatos muy breves, casi apólogos, que mayormente delatan la lectura de la Biblia judeocristiana antes que de cualquier otro texto", concluye Néspolo. Más allá de la importancia que suele adjudicarse a su obra en función del objetivismo literario, para Noé Jitrik —director del Instituto de Literatura Hispanoamericana de la UBA—, la importancia de Benedetto radica en que "propuso una ética de la escritura, cuyos imperativos están presentes desde el principio de su obra hasta el final". Para Néspolo, si se toma en cuenta que relatos como "Aballay", "Los Reyunos" y "Onagros" y "Hombre con renos" fueron escritos en cautiverio, "su excepcionalidad estética adquiere necesariamente otra dimensión: una dimensión ética, política y humana". En una conferencia memorable, hablando de su obra cumbre, Juan José Saer señaló: ""Zama" es, por ciertos aspectos de su concepción narrativa, comparable a las obras mayores de la narrativa existencialista, como La náusea y El extranjero. Yo creo, sin embargo, que por las circunstancias en que fue escrita y la situación peculiar de la persona que la escribió, Zama es en muchos sentidos superior a esos libros". La obra de Benedetto ha ejercido influencia entre los jóvenes escritores o como prefiere decir Washington Cucurto —autor de "La máquina de hacer paraguayitos"— ha resultado "inspiradora" por "su relato, su manera de elaborar personajes y cierto delirio más de tono fantástico que puede aparecer en sus cuentos, por ejemplo en Caballo en el Salitral". Para Marcelo Damiani —autor de "El sentido de la vida"—, Benedetto está presente en su obra a partir del "gusto por las novelas construidas con cuentos o narraciones que también pueden funcionar independientemente de la novela que arman" sumado a "su mirada cinematográfico-filosófica de la narrativa". Es leyenda que los relatos que integran "Absurdos" fueron escritos en letra tan minúscula que tuvieron que leerse con lupa; así Benedetto se aseguraba que pudieran llegar a destino. Llegaron. ” VER MÁS
Cecilia Fiel
- Clarín -
“Con los "Cuentos completos" , Adriana Hidalgo continúa la publicación de la obra total de Antonio Di Benedetto (Mendoza, 1922-Buenos Aires, 1986). En esta edición, al cuidado de Jimena Néspolo y Julio Premat, se ha seguido el criterio de respetar la ordenación original en libros independientes, más allá de la división que el propio autor había pensado para editar el conjunto de sus cuentos (en dos tomos titulados "Relatos completos" -los extensos-, y "Cien cuentos" -los breves-). Seis volúmenes de relatos se incluyen aquí, más "Otros cuentos" (reescritos o que quedaron fuera de las reediciones) y algunos inéditos. Diversidad y unidad son características de esta vasta recopilación. La diversidad aflora en los marcos genéricos discursivos (a veces fuertes, a veces laxos), desde la narración policial ("Los reyunos") hasta la fábula poético-alegórica (los textos de Mundo animal ), desde el relato rural de aventuras en escenarios históricos o contemporáneos reconocibles ("Felino de Indias", "El puma blanco") hasta la narración fabulosa y legendaria ("Onagros y hombre con renos"), así como también diverge la extensión, que abarca tanto la nouvelle ("Declinación y ángel") como el microrrelato. La unidad la aporta la coherente mirada poética que imprime a la ficción un tono, una visión cósmica y antropológica. Para esa mirada, el mundo es un lugar ominoso e inestable, donde todo está expuesto a desmoronarse y a metamorfosearse en otras cosas, en otros seres, donde no hay barreras rígidas entre sujetos y objetos, entre el sueño y la vigilia, entre lo humano y lo animal, entre la "verdad" y el delirio, entre la precaria felicidad y la catástrofe siempre agazapada e inminente, entre lo "figurado" y lo "real". No pocas veces la acción consiste en la ejecución literal de ciertas metáforas: el hombre bueno como el pan, que se hace pan y resulta devorado por los otros, es una de ellas. Los títulos de los libros marcan, desde luego, ciertas pautas diferenciadoras: "Cuentos claros" alude al dominio de escenarios que podrían considerarse "realistas" y a tramas relativamente nítidas. "Absurdos" define bien el énfasis colocado en las circunstancias desconcertantes, increíbles, irracionales (tanto cómicas como terroríficas), que viven sus protagonistas; los "Cuentos del exilio", aunque -como señala el autor mismo- no tematicen expresamente esa coyuntura, están impregnados por ella. Pero todos los relatos se hallan, en general, cruzados por similares tensiones recurrentes: una es el enfrentamiento padre/hijo, vivido por los hijos como desamparo, o como mutilación y apoderamiento brutal (abundan los filicidios, reales y simbólicos) y, por parte de los padres, como angustia y perplejidad dolorosas ("Enroscado"). Otro eje es la violencia y la crueldad entre los seres humanos, la explotación de unos por los otros, con acento particular en el abuso sobre las mujeres (aunque el registro no es necesariamente trágico; puede ser humorístico, como en "As", o en "El juicio de Dios"). Como en la narrativa de Eduardo Mallea (autor con el que Di Benedetto mantiene algunos sutiles puntos de contacto), transitan los personajes silenciosos, los que viven por debajo de la superficie, los que optan por el amor perdido o imaginario, o por una pureza irrecuperable, los hostigados por la culpa. Prevalecen en toda la obra, más allá de los "Cuentos absurdos", las situaciones inesperadas y extremas, que obligan al máximo despliegue de los recursos de supervivencia. La textura hiperestésica de la prosa de Di Benedetto, su intenso entramado de sensaciones, impresiones e imágenes llevadas al paroxismo de lo perceptible, pero sin desborde, con afilada economía de medios, parece responder a esta condición de los seres en alerta, lanzados a la intemperie existencial, en cuyo interior reverbera y se derrama, casi intolerable, el torrente de la experiencia. Los lectores se reencontrarán aquí con piezas muy conocidas verdaderamente antológicas: "Aballay", "Caballo en el salitral", "El juicio de Dios", y se sorprenderán gratamente con otras menos notorias, como el relato de ciencia ficción "En busca de la mirada perdida". El prólogo de Julio Premat ofrece por su parte una orientadora aproximación crítica a la escritura benedettiana. ” VER MÁS
María Rosa Lojo
- La Nación -


