“"La erótica del relato", antología que reúne diecisiete cuentos de jóvenes escritores, se propone brindar un panorama de la nueva narrativa argentina, a través de relatos absolutamente heterogéneos e impregnados por el amor, la locura, el erotismo y lo lúdico.
En el marco de una movida que, aunque dispar, es cada vez más efectiva para dar a conocer a los nuevos escritores, el libro compilado por los hermanos Jimena y Matías Néspolo alude con su título a una intención manifiesta de provocar en el uso del lenguaje, más que a un género o a un contenido referido a alguno de los cuentos.
Bajo el nombre de Los Heraldos (mensajeros de lo que va a suceder), los compiladores abren el volumen con un "Manifiesto" donde dicen que las palabras "son erecciones de la lengua, latigazos de la mirada. Resbalan, golpean, se incrustan en la carne como la hoja de un cuchillo".
"Contamos historias. Esas historias incómodas que ya nadie se atreve a contar. Y para eso salimos a la calle o nos recluimos en la cárcel del lenguaje. Pero picamos nuestros propios boquetes con cinceles nuevos", se lee en un prólogo entre encendido y algo pretencioso, en el que sentencian con exageración: "en cada palabra nos jugamos el pellejo".
Se trata en su mayoría de autores nacidos en la década del 70, que a través de estilos de lo más diversos enfocan sus personajes en los escenarios, edades y situaciones más disímiles.
En "La entrevista", de María Casiraghi, una mujer que va a ser entrevistada pone en tela de juicio los agitados tiempos actuales, mientras que en "La presa", de Oliverio Coelho, un exhibicionista se encuentra con una solitaria mujer y "En el sentido de la vida" Marcelo Damiani explora un particular videojuego que recrea la vida consiste en aumentar la autoestima.
Lo onírico y la vigilia se entrecruzan en el relato "El agua" de Marisa do Brito Barrote, mientras que en "Cambio de suerte" de Claudia Feld, la tensión está puesta en un hombre que relata su encuentro con un grupo de seres extraños.
Algunas de las historias son circulares y atraviesan un proceso hasta llegar al mismo punto de partida, como es el caso de "Arquitectura antigua" de Jorge Hardmeier, o juegan con los elementos ocultos o innombrables como en "Sophie La Belle y las ciudades en miniatura" de Gisela Heffes.
El brevísimo "Jugadores", de Federico Levín, relata una conmovedora historia de unos hermanos y su abuelo, mientras que en "El temible crítico literario", Pablo Manzano se divierte burlándose de los críticos.
"Se dice, se rumorea, que un día el temible crítico literario terminó de leer un libro de un joven autor y... sólo se dice, se rumorea, porque la verdad es que nadie llegó a encontrar el artículo que escribió a continuación... pero se dice que un día, sólo aquel día y nunca más, el temible crítico literario terminó de leer un libro de un joven autor y... le gustó", arranca el relato.
No faltan relatos con misterio, como "El azulejo" de Martín Murphy, un inesperado romance (entre una mujer y un animal salvaje) en "Las cuatro patas del amor", de Jimena Néspolo, la impresión de una herida en "El hachazo" de Matías Néspolo o la confesión de una traición en "El cansancio y la memoria" (Mauro Peverelli).
"La visita al maestro" de Patricio Pron, "Enfermo terminal" de Ricardo Romero, "Y a los perros también" de Hernán Ronsino y "Las siamesas" de Diego Vecchio completan el ecléctico volumen.
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Mercedes Ezquiaga
- Télam -
“Jimena y Matías Néspolo abren esta antología de cuentos de jóvenes narradores argentinos con un manifiesto que, como tal, está cargado del ímpetu de los iconoclastas. “Más que una antología es una intervención” sostienen, y apuestan a la voluptuosidad del lenguaje, una vitalidad que quiere enfrentarse al conformismo y las facilidades de una literatura para ellos poblada de escritores confinados al gabinete y cuyo resultado es la autocomplacencia, únicamente sostenida por la dimensión de cada una de sus bibliotecas. Frente a ello reivindican la función del narrador. Relato enfrentado a ejercicio de estilo, un dilema renovado por cada generación de escritores. Quienes asumen el riesgo de este enfrentamiento tienen tránsitos distintos por nuestra literatura.
Sus nombres, con repercusión mayor o menor empujan por hacerse lugar en ella: María Casiraghi, Oliverio Coelho, Marcelo Damiani, Marisa do Brito Barrote, Claudia Feld, Jorge Hardmeier, Gisela Heffes, Federico Levín, Pablo Manzano, Martín Murphy, Mauro Peverelli, Patricio Pron, Ricardo Romero, Hernán Ronsino, Diego Vecchio, y los propios antólogos.
Si la propuesta es contar historias “Esas historias incómodas que ya nadie se atreve a contar…”, los resultados se miden por el mayor o menor apego a esa simple y difícil práctica; algunos exhiben las inseguridades de los que recién comienzan; otros, como Patricio Pron, se apartan del planteo editorial para abordar un relato desbordado de claves literarias. La erótica, esa fuerza invocada como impulso común, crece finalmente en los costados fantásticos de "Las cuatro patas del amor", de Jimena Néspolo; el implacable dúo de voces de "El cansancio y la memoria", de Mauro Peverelli, la saga familiar desbordando el tiempo de "Jugadores", de Federico Levín y, especialmente en "Y a los perros también", de Hernán Ronsino, pura narración, pura palabra trabajando sobre sí misma para construir una historia; sostén definitivo de una antología de voces nuevas a las que de ahora en adelante, podremos exigirle que mantengan su apuesta por la narración para ocupar su espacio en la realidad de la literatura argentina.
Puntaje: 7
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Eduardo Rojas
- Crítica -